Economía política de la transición. Hacia una nueva modalidad de acumulación en el Perú, 1990-2000: perspectivas y alternativasJÜRGEN SCHULDT
No hay ejemplos para mí. Estoy haciendo aquí mi
propio modelo. Yo estoy inventando un país.Presidente Alberto Fujimori1
Los hombres prácticos, que se creen exentos por
completo de cualquier influencia intelectual, son
generalmente esclavos de algún economista difunto.Sir John Maynard Keynes (1936: 337)
Introducción
Hoy en día en el Perú, prácticamente existe consenso res pecto al hecho de que el modelo de acumulación en curso tiende a dirigirse hacia un esquema primario-exportador modernizado2. Con lo que se configuraría así una cuarta onda larga consecutiva de crecimiento económico del Perú, basada nuevamente en ventajas comparativas estáticas por la explo tación -sin mayor valor agregado- de recursos primarios para la exportación, siguiendo las definiciones y clasificación de Thorp y Bertram (1985)3 . Hoy en día sus fundamentales agentes dinámicos de sostén son, en lo económico, la inversión extranjera directa y el gran capital financiero y comercial nacional y, en lo político, el propio gobierno y sus aliados en el Congreso y las Fuerzas Armadas.
Los políticos; periodistas, analistas y cientistas sociales más ilustrados de la oposición al actual régimen (o que lo eran hasta el 9 de abril) y que se han aventurado alguna vez a evaluar la viabilidad del proyecto económico-político del ingeniero Fujimori, coinciden en señalar que éste habrá de abortar, tarde o temprano, por razones económicas (siguiendo en esta línea a México) y/o sociopolíticas (a la manera de Bolivia). La crisis, en cualquiera de sus formas vendría en algún momento a lo largo del presente lustro y, con ella, un nuevo y doloroso proceso de ajuste económico.
De un lado se encuentran quienes sostienen que el programa es económicamente insostenible, argumentando en por lo menos una de tres líneas, todas las que a la larga impedirían un crecimiento económico satisfactorio: por la crisis de balanza de pagos que se presentaría en 1996 o 1997 o por la precariedad fiscal en presencia de tendencias neopopulistas o por la falta de la necesaria inversión privada para sostener diacrónicamente el modelo. De otra parte tenemos a quienes estiman que nos espera una convulsión social que acabará con el proyecto, arguyendo que será por falta de empleo y el incremento de la pobreza o por la desigual distribución del ingreso y la propiedad o por los excesos centralistas y la falta de participación o por la ausencia de democracia y respeto a los derechos humanos.
En nuestra opinión, a contracorriente, pensamos que diversas variedades de la denominada enfermedad holandesa le darían continuidad económica al proceso, por un lado, y que novedosos mecanismos extraeconómicos sociopsicológicos y políticos) le asegurarían también la paz social requerida para su sostenible funcionamiento en el mediano plazo, por el otro; en el marco de un régimen político democrático "delegativo". Esto puede llamar la atención e indudablemente va contra todo sentido común, sobre todo si se observan los elevados niveles de extrema pobreza vigentes y la desigual distribución del ingreso, así como las preocupantes brechas económicas que se vienen observando (especialmente en el frente externo). Estos dos temas se verán, respectivamente, en las dos primeras secciones de este ensayo. En una tercera se presentan algunas vías alternativas de acción en base a diversas experiencias históricas exitosas y de la propia historia económica peruana, que podrían adoptarse desde el interior del propio "modelo" en curso.
1. Sobre la viabilidad económica del proyecto4
Contra todas las advertencias de la mayoría de economistas de la oposición al presente régimen no vislumbramos nítidamente una nueva crisis de balanza de pagos en los próximos años, a pesar del aún lento crecimiento (aparente y temporal) de las exportaciones y del amenazante crecimiento exponencial de las importaciones, en un contexto en el que el tipo de cambio real tiende a estar crecientemente sobrevaluado y en el que habría exagerados sobrecostos para las empresas, lo que impediría alentar nuestra competitividad internacional5.
En un trabajo reciente hemos argumentado que en el Perú se viene dando una peculiar modalidad de enfermedad holandesa (del tipo EH-III), consecuencia del ingreso masivo de capitales privados foráneos (especialmente desde el tercer trimestre de 1990). Estos flujos financieros, entre otros, parecerían garantizar los equilibrios (externo y fiscal) necesarios durante el segundo lustro de los años noventa. Hacia fines de la presente década y, sobre todo, a partir del nuevo siglo, sin embargo, es de esperarse que habría un salto cuantitativo importante de nuestras exportaciones de bienes primarios (especialmente en minería, pesca y petróleo/gas), con lo que entraríamos a una fase en que gozaríamos de la variedad más convencional de enfermedad holandesa (la EH-1), momento a partir del cual la EH-III (es decir, el ingreso masivo de IED) dejaría de funcionar o, incluso, actuaría en contra de nosotros.
La estabilidad macroeconómica, en términos de balanza externa y fiscal, parecería así garantizada con todos los riesgos que implica la precariedad económica y política del "modelo" como tal 6, al margen de imprevisibles choques externos o internos desfavorables.
El eje central de acumulación de la nueva modalidad primario-exportadora en curso se centrará en aquellos sectores de alta renta diferencial (minería y pesca, primero; y petróleo, gas natural, turismo y agroexportación posteriormente), controlados básicamente por empresas transnacionales y extranjeras en general.
La crítica al control extranjero a través de la economía es conocida:
"i. Las fuentes del excedente económico en manos extranjeras llevan a decisiones de asignación de recursos que, por lo general, reducen la capacidad de crecimiento económico a largo plazo. Esto se debe principalmente a la remisión del excedente al exterior (...).
ii. La monopolización extranjera de las oportunidades puede, además, afectar negativamente el desarrollo de las capacidades locales y originar la exportación o el consumo de fondos de inversión controlados localmente.
iii. La falta de una capacidad tecnológica nacional puede crear una pérdida para la economía, debido a la monopolización de las fuentes de tecnología por las empresas internacionales. (...).
iv. Mientras la fuente de dinamismo de una economía sea de origen externo y, especialmente, si depende de la demanda mundial para algún bien primario, esa economía será siempre vulnerable a las fluctuaciones de la demanda y al peligro que representa la sustitución del bien en cuestión por otros bienes en el mercado mundial.
v. La forma que adopta la relación con el exterior puede generar un dualismo interno. Por ejemplo: la importación de patrones de demanda y tecnología puede dar lugar a una estructura de producción que acentúe la desigualdad.
vi. El surgimiento de agentes de cambio que puedan, por ejemplo, negociar o competir mejor con el capital extranjero o llevar a una mayor diversificación de la economía mediante la modificación de la estructurar internacional de precios relativos, está fuertemente condicionado Por el sistema internacional que puede hacer posible, de distintas maneras y en distintos momentos, una armonización de intereses entre las clases dominantes locales y el capital internacional"(Thorp y Bertram 1985: 17s.).
En ese contexto, las burguesías nacionales cumplirían un rol secundario en lo económico (aunque con dominio en los segmentos más rentables de los sectores financiero y comercial, así como posteriormente en los sectores agropecuario y agroindustrial) y de gran relevancia en lo político, asegurando -desde el aparato del Estado o por su ubicación regional- la cooptación y pacificación del país.
Un treinta por ciento de la población se incorporarla plenamente a esos segmentos dinámicos de la economía7. El resto de la sociedad, la gran mayoría, se constituiría en un segmento político-económico de reproducción simple, sobre la base primordialmente de una producción y consumo de bienes "inferiores", baja productividad, desorganización social y fragmentación política. Así, la "heterogeneidad estructural" en nueva vestimenta continuaría profundizándose en el país, viabilizándose sociopolíticamente por un buen tiempo a través de novedosos mecanismos de defensa y autodefensa, acompañados por una política asistencialista y clientelista del Estado (ver sección 2).
En ese sentido, contrariamente a lo que se cree, el presente gobierno posee una clara y coherente política económica y de "desarrollo social" de largo plazo (aunque quizás aún no tenga conciencia de ello - sic). El corolario de este esquema de producción-distribución desnacionalizada tendría alguna similitud con el que predominaba en el país en el pasado8: surgimiento de enclaves, términos externos de intercambio declinantes y fluctuantes, extrema desigualdad en la distribución de la propiedad y del ingreso, erraticidad en la balanza comercial, un sistema político excluyente (democracia delegativa o autoritarismo), etc. Ese sería el panorama que nos espera para los próximos quince o veinte años (¿toda una segunda generación perdida?).
Es indudable que, en última instancia, si no se hubiera presentado la EH-III el proyecto de reestructuración económica no habría sido viable sociopolíticamente, ya que gran parte de los elementos de seguridad y los colchones económicos de amortiguación que se han ido gestando a su interior son los que han posibilitado evitar explosiones sociales generalizadas, en importante medida como consecuencia de la reactivación de las ramas de bienes y servicios no transables de la economía.
De ser correctas las consideraciones anteriores, el capital transnacional se convertiría indudablemente en dominante a nivel nacional, puesto que "el actual modelo, como otros en su momento, es un CKD, un proyecto cuyos engranajes están diseñados en base a expectativas de centros de poder internacional" (Macera 1994: 16). A la larga, sin embargo, no basta~ ría esta alianza precaria y estrecha entre el gobierno, los militares y las transnacionales; resultará necesario abrir el abanico a otras fracciones sociales, especialmente del capital nacional (grande y mediano), para sostener el nuevo poder establecido y para que alcance cierta legitimidad a escala nacional.
¿Qué lugar le quedaría al gran capital nacional que indudablemente deseará nutrirse también de los beneficios de la nueva modalidad de acumulación? Su incorporación paulatina cumpliría una función de legitimación (cuando menos espuria) de este sistema9 altamente excluyente económica y socialmente. Su capacidad para "conducir el sistema y establecer el orden" le significaría retribuciones compensatorias del capital transnacional, a través de masas crecientes de crédito externo, acceso a nuevos mercados, asociaciones en los campos financiero y comercial con las fracciones extranjeras, etc.
Indudablemente la coalición de estos segmentos domésticos del capital con los de proveniencia externa en las ramas de alta renta diferencial sería una vía preferencial de incorporación, aunque ocupará ahí un rol subordinado o incluso en muchos casos apenas desempeñará el papel de socio menor o marginal. Este es un proceso que ya se encuentra en marcha y parece exitoso, siendo beneficioso para ambos miembros de la pareja.
En segunda instancia, el capital nacional grande y muy grande continuará ejerciendo un papel importante en las ramas más rentables de la banca y los seguros, en la gran industria, en el comercio mayorista importador y exportador, en el sector de construcción y en los servicios más sofisticados, En estos campos se incorporaría así también a segmentos de las capas medias que habían quedado relegados en los últimos quince años.
En tercer lugar, a la larga, seguramente ese gran capital se insertará predominantemente en determinados sectores sociopolíticamente esenciales: en la agricultura y, posteriormente, también en la agroindustria10, una vez que los derechos de propiedad de la tierra y uso del agua se encuentren plenamente instaurados o restablecidos. A ese respecto, las tierras de la costa y ceja de selva serán el lugar de inversión preferencial, en cultivos tradicionales y no tradicionales. Sobre ese eje de acumulación centrará sus esfuerzos este capital nacional, cuyos representantes además serían indispensables en la conducción política del país, en el manejo de focos regionales de protesta y en los esfuerzos por generar 'colchones de seguridad' para evitar la disociación de la sociedad como un todo (su asentamiento en las regiones permitiría así un "control" más próximo a los potenciales ámbitos de inestabilidad)11. Ese proceso, sin embargo, tardará aún -en el mejor de los casos- un lustro en plasmarse, mientras se gesten las instituciones, los derechos de propiedad y las reformas estructurales necesarias para asegurar su plena incorporación a esas áreas de producción económica y, concomitantemente, de control político.
Finalmente, dada la tendencia de mediano plazo al retraso cambiario, parecería inevitable que determinados segmentos empresariales modernizantes sí afronten la búsqueda de la competitividad exportadora por medio de esfuerzos sistemáticos (¿y sistémicos?) de incrementos en la productividad del sector exportador no tradicional12. Serían los menos, sin embargo, desafortunadamente, a pesar del enorme desarrollo reciente de la capacidad gerencial disponible en el país.
Aunque el gobierno en estos momentos aún no ha enfrentado a cabalidad estos dos últimos temas esenciales, es muy probable que - desde los inicios de su próximo mandato - asuma esas tareas, consciente de la necesidad de generar una mayor diversificación en la acumulación de capitales, de asegurar mínimos encadenamientos productivos y de consumo, de difundir algo más ampliamente los frutos del progreso y, finalmente, de asegurar mayores posibilidades de intermediación, representación y legitimación política por intermedio de las fracciones nacionales del capital.
2. ¿Es sostenible sociopolíticamente la remozada modalidad primario-exportadora de acumulación?
Si bien el ajuste ha sido perverso, o quizás precisamente por ello, creemos que está dando lugar a resultados positivos para los interesados en su prolongación y profundización, que son los que sostienen económica y políticamente el "modelo". Paralelamente viene plasmándose una serie de mecanismos y procesos que parecerían ser funcionales a éste.
Como es conocido, el modelo primario-exportador modernizado de acumulación sólo integra en sus ámbitos centrales (y privilegiados) a segmentos muy estrechos de la población. La gran mayoría -no menos del 60%- quedaría marginada de los frutos de las boyantes exportaciones de fines de siglo y principios del siguiente (como lo está ahora, a pesar de la inmigración masiva de capitales privados). ¿Hasta qué punto sería sostenible psicológica y sociopolíticamente el proyecto? ¿En qué se sustentaría económicamente la supervivencia de esa masa marginada? Más precisamente, ¿cómo explicar la relativa "tranquilidad social"13 actual en el país en presencia de una dramática situación de pobreza y desigualdad en la distribución del ingreso y la riqueza?14
Adolfo Figueroa (1995) acaba de argumentar convincentemente que los paradigmas de las principales escuelas económicas no están en condiciones de explicar la inestabilidad y el conflicto sociales, en la medida en que se limitan al análisis de los equilibrios económicos, asumiendo dados determinados equilibrios sociales correspondientes con ellos y que permitirían la aceptación social de las condiciones económicas vigentes. En todo caso, según su planteamiento, los economistas ortodoxos "explicarían" la inestabilidad social, sea como consecuencia de "situaciones anecdóticas, localizadas, excéntricas o excepcionales", sea como fenómenos exógenos a la dinámica económica. En ningún caso existe una teoría económica que permita explicar la "intolerancia social" frente a problemas tales como una muy desigual distribución del ingreso, salarios paupérrimos, altos niveles de desempleo y subempleo, irrespeto a los elementales derechos ciudadanos, etc.
Por lo que no nos queda otra alternativa que responder a esa interrogante sobre la base de enfoques económicos heterodoxos (como el de las preferencias lexicográficas) y desde planteos provenientes de la ciencia política, la sicología social y la sociología. ¿Cómo explicaríamos la ausencia de convulsiones sociales tipo cordobazo, caracazo, chiapanazo o bolivianazo -todos muy distintos entre sí y, por tanto, irrepetibles en su forma original- en el Perú, a pesar de las dramáticas condiciones de pobreza y desigualdad por las que viene atravesando el país? A continuación presentaremos una especie de catálogo, no necesariamente ordenado en función a su importancia, de lo que creemos está sucediendo en la sociedad peruana y que permite su reproducción social relativamente fluida, si bien a niveles altamente precarios15.
Indudablemente en las condiciones económicas e institucionales reinantes durante los años setenta este proceso excluyente de acumulación habría abortado abruptamente, como consecuencia de una serie de factores, los principales de los cuales habrían sido seguramente el grado de organización de la sociedad civil (tanto los obreros, pasando por las universidades nacionales, como los campesinos, todos los que tenían una notoria fuerza movilizadora) y la capacidad de convocatoria de los partidos políticos (cuando aún no estaban desprestigiados), en que la burguesía industrial y la clase obrera podían "andar juntos" (tras las elevadas barreras arancelarias). Esos procesos sociales contribuyen a explicar, asimismo, los fracasos de las reformas del segundo gobierno de Belaunde que iban en la misma línea del actual gobierno. Entonces las fuerzas sociales no estaban aún suficientemente amedrentadas como para viabilizar el "cambio de rumbo".
En efecto, los enormes y reiterados "paquetazos" (casi una cincuentena desde 1975) que ha experimentado la gran mayoría de la población no han llevado -en el país- a ningún tipo de explosión social. Los niveles de empleo y subempleo son muy elevados y los ingresos muy bajos, según las cifras oficiales. ¿Qué mecanismos, en su mayoría ocultos, parecerían asegurar la aparente tranquilidad sociopolítica reinante en el país?
En primer lugar, los sujetos sociales están desactivados. Con la gran crisis de los ochenta que desembocó en la hiperinflación y a raíz de la posterior estabilización se ha podido observar una enorme fragmentación social e incluso una anomia generalizada, a la par que se ha deteriorado la imagen y el liderazgo de los partidos, los sindicatos, ciertos gremios empresariales, así como los movimientos regionales y estudiantiles. De otra parte, ni desde los informales, ni desde el campesinado, parece viable y eficaz la organización de esas heterogéneas masas que configuran gran parte de la fuerza laboral del país16 y que por su volumen podrían configurarse en un eje esencial de oposición al proyecto en curso, pero que no parecerían llegar a soldarse por tratarse de una multiplicidad de subsegmentos heterogéneos, con escasa unidad interna y marginalmente interrelacionados entre í.
Consecuentemente, por este lado, el proyecto en curso y sus beneficiarios no tendrían nada que temer, puesto que los actores sociales potencialmente contestatarios se encuentran todos seriamente debilitados, con lo que -en ausencia de intereses comunes- se imposibilita toda acción colectiva contestataria contundente. Más aún, como han señalado muchos autores, en esos procesos de transición "no existen, por la crisis, actores sociales, sino apenas conductas defensivas o adaptativas y movilizaciones expresivas que son, muchas veces, manipuladas por las élites. Las asociaciones intermedias desaparecen o se debilitan, y ante la inseguridad que produce la atomización, los individuos tienden a replegarse en grupos primarios basados en nexos de tipo afectivo, lo que ahonda su aislamiento y la segmentación social" (Tironi y Lagos 1989: 27). Más aún, "cuanto mayor la polarización social, menor el sentimiento de comunidad" (Vilas 1995: 33).
En segunda instancia, tampoco parecen posibles las alianzas multiclasistas. En tal sentido, por acción de la política económica también se ha podido instaurar una determinada "disciplina social", que imposibilita la configuración de coaliciones populistas (Canitrot 1979). En efecto, la apertura y liberalización comercial y financiera enfrentan entre sí a los "aliados naturales" del proceso de sustitución de importaciones, la burguesía industrial y la clase obrera, en la medida en que los aumentos salariales ya no se pueden cargar "administrativamente" a los precios, a la par que los aumentos de las tasas de interés, los precios públicos y del tipo de cambio se tienen que compensar con recortes en los salarios (reales). En términos más generales, "la natural consecuencia de la política del ajuste (J.S.: neoliberal) es la reducción de los espacios de encuentro público, la del cierre o clausura de los canales de participación y/o agregación de reclamos o protestas. Por lo tanto, la crítica a la 'partidocracia' y a la institución parlamentaria se inscribe dentro de patrones funcionales a la ideología del ajuste" (Raimondo y Echegaray 1991: 86), reforzada por el carácter "delegativo" de nuestra democracia (O'Donnell 1992).
A ello se añade, en tercer lugar, la destrucción, desmantelamiento o debilitamiento de ciertas instituciones básicas por parte del gobierno, comenzando por la banca de fomento, siguiendo por el Instituto Nacional de Planificación, hasta llegar al más duro golpe que consistió en la desactivación de los gobiernos regionales (desde donde habrían podido surgir iniciativas, presiones y acciones contestatarias y/o de concertación)17. Al cercenarse estos canales de intermediación -inclusive los poderes Legislativo y Judicial-se impide la acción colectiva y se neutraliza parte importante de la presión redistributiva que pudiese surgir de los grupos de interés.
En cuarto lugar tenemos los procesos de "tolerancia social" que han ido surgiendo defensivamente desde la propia sociedad civil y, más específicamente, de los mismos sectores populares marginados del proyecto, que han ido configurando "colchones de seguridad". Uno: La creciente participación de la mujer y los niños en la población económicamente activa. Dos: El rol creciente del autoconsumo, en campo y ciudad. Tres: Sectores cada vez más amplios de la PEA ya han perdido la esperanza de conseguir empleo, incrementando el desempleo oculto. Cada factor, a su manera, añade pasividad a toda fuerza contestataria, al margen de que equivalen en muchos casos a esquemas dramáticos de autoexplotación de la fuerza de trabajo.
Quinto: El surgimiento, a lo largo del presente lustro, de una gran cantidad de empresarios y pequeños propietarios de las capas medias y populares, ansiosos de defender su pequeña parcela de riqueza. A ello se añade la titulación de cientos de miles de terrenos, especialmente en los barrios marginales de las ciudades. Finalmente, también contribuye a esta especie de minicapitalismo y al sostenimiento del orden establecido la adquisición por parte de los trabajadores de acciones de las empresas privatizadas18.
Sexto: Ligado en parte a los procesos anteriores. En los segmentos populares y de las capas medias que han visto mermados sus ingresos se consumen crecientemente bienes "inferiores" (elasticidad-ingreso menor a la unidad), precisamente los bienes que fabrican esos segmentos (Cermeño 1987; Schuldt 1993). Con esto se estaría generando una "corriente circula? relativamente amplia de la población que en gran parte estaría autocontenida en sí misma (autoreproduciéndose) y en la que la oferta estaría creando su propia demanda a través de los más diversos mecanismos de transmisión. Por añadidura, en la medida en que se viene dando un proceso de enfermedad holandesa, el gobierno viene contando también con una serie de aliados inesperados para su proyecto político, a saber: los productores de bienes y servicios no transables. Tampoco debe despreciarse el hecho de que el mercado está cumpliendo una importante función integradora entre los sectores populares, tanto del campo, como de las ciudades. Finalmente, incluso los industriales del anterior esquema de sustitución de importaciones se han convertido en prósperos comerciantes importadores, con lo que se pierde una fracción adicional del capital que podría recusar el modelo, reforzando estos curiosos círculos virtuosos de apoyo al régimen.
En sétimo lugar, también el régimen político, la democracia delegativa o la "democradura" (DD) vigente en el país funciona como "tranquilizador social". La premisa básica de la DD radica en el hecho de que el candidato que gana una elección presidencial está autorizado a gobernar el país como le parezca conveniente, adoptando la forma de "figura paternal". Según O'Donnell, lo que él haga en el gobierno no precisa guardar ninguna semejanza con lo que dijo o prometió durante la campaña electoral. Los presidentes "se presentan como estando encima de todo", esto es, de los partidos políticos y de los intereses organizados; y afirman representar al conjunto de la nación, lo que hacen "encarnando e interpretando los altos intereses de la nación".
En esa versión, otras instituciones -como el Congreso y el poder Judicial- son "incomodidades" u obstáculos para implementar políticas y reformas. Tampoco se siente obligado el presidente a rendir cuentas (accountability) a esas instituciones o a otras organizaciones privadas o semiprivadas. Ese tipo de democracia da lugar al "mito de la delegación legítima", en que tal delegación incluye el derecho y hasta la obligación de aplicar a la nación los remedios amargos que, aunque muchos de sus miembros no puedan reconocerlo ahora, la curarán: sólo la cabeza sabe (visión organicista). "El presidente y su equipo personal son las letras alfa y omega de la política. Además, como en la cirugía, algunos problemas de la nación sólo pueden resolverse con criterios altamente técnicos. Los técnicos, especialmente en política económica, deben ser protegidos políticamente por el presidente contra las múltiples resistencias de la sociedad, hasta que el proceso de convalecencia esté bien avanzado".
De otra parte, en la medida en que el gobierno ha alcanzado una abrumadora mayoría en las elecciones recientes, estaría garantizada una cierta estabilidad económica y sociopolítica, que le otorga un sólido apoyo y una gran libertad de acción (¿y de perversión?) en la dación de leyes, de normas, de estados de excepción y de políticas públicas, que pueden ser altamente flexibles (y clientelares) según las coyunturas económicas y sociales.
A ello se añade -octavo lugar- el hecho de que, como ha afirmado Adolfo Figueroa: "Las masas no parecen estar muy interesadas en la democracia, como usualmente se cree. (...). La teoría económica de las preferencias lexicográficas (...) parece tener un poder explicativo de este comportamiento. Según esta teoría, la democracia no estaría entre las necesidades de primer orden de los individuos. Los individuos no estarían dispuestos a consumir un poco más de democracia a cambio de pasar más hambre. Para decirlo en términos todavía más simples, la predicción de esta teoría es que sólo después de tener el estómago lleno la gente se preocupa por la democracia, así como por otros valores elevados que tienen que ver con el desarrollo humano. Esta proposición no implica que las masas no se interesan por bienes públicos (salud, educación, empleo), sino que ellas jerarquizan, primero, la obtención de estos bienes; y, en segundo orden, si la entrega pudiera ser por la vía democrática (como derecho) o por la 'generosidad' del gobernante (clientelismo político), elegirían el primer caso" (Figueroa 1995: 69-70). En efecto, a niveles muy bajos de ingreso las familias untan el pan -una vez que acceden a éste- con manteca, más adelante a niveles algo más elevados con margarina y finalmente a ingresos altos con mantequilla; aplicado este enfoque de la jerarquía de satisfactores al nivel de los procesos macrosociales en el Perú, hasta hace poco la gente quería orden y seguridades mínimas frente al terrorismo y la hiperinflación, ahora quiere un empleo adecuado, más adelante querrá mejores condiciones de trabajo e ingresos más elevados y sólo entonces, cubiertas tales expectativas, mostrará inquietud por la participación, los derechos humanos y la democracia. Dicho sea de paso, el mensaje de la oposición -especialmente de la UPP- estaba dirigido a resaltar esta última de las jerarquías, por lo que fracasó, puesto que aún no había llegado el momento de atraer votos por esa vía.
Noveno: Cuando las condiciones macroeconómicas son buenas, como ahora en el país y aunque amplios grupos y sectores económicos no se beneficien de la bonanza, se genera un clima de optimismo generalizado del que participan incluso los perjudicados. En ese entorno, aún estos últimos abrigan la esperanza de ser incorporados al auge (aunque sea por "goteo" o trickle down) en algún momento después del "despegue". Lo que por supuesto no tiene porqué cumplirse y menos aún en las condiciones en que se viene desplegando el nuevo esquema de acumulación. Pero esa expectativa positiva es bien aprovechada por el gobierno para asentar aún más el modelo, ya que la "psicología social" reinante facilita la adopción de reformas al debilitar toda oposición en ese ambiente (sin necesidad de una represión abierta por parte del Estado). Se aplica aquí el teorema de Thomas (Max-Neef 1966: 82), que postula que cuando la gente cree que las cosas van bien irán efectivamente bien, así como al revés, si van mal: "La mujer del César no sólo debe ser, sino también parecer". En el caso peruano, este dictum no se aplica obviamente a la mujer de nuestro presidente, sino a su economía política.
En décima instancia, es innegable que actualmente operan múltiles mecanismos sociopsicológicos autoreguladores del sistema que asegurarían la viabilización del proyecto en el corto y mediano plazo. En este rubro cabe nombrar cuando menos seis procesos, que se complementan parcialmente entre sí, a saber. Uno: Que la gran mayoría de la población está ansiosa de mantener y asegurar el "orden" actual frente al caos y la ingobernabilidad del pasado, previos al gobierno de Fujimori, y provenientes del terrorismo y la hiperinflación, principalmente. Dos: Gran parte de la población (los sectores populares en particular) ha internalizado la idea de que los mecanismos de "libre" mercado ofrecen amplias oportunidades a "todo el mundo" y que el fracaso de las personas o familias (en el sentido de conseguir empleo e ingresos adecuados) sólo puede atribuirse a su incapacidad u otras debilidades personales (ociosidad, beodez, etc.). Ligado a ello, en ausencia de un Estado omnipresente, desaparecida la palabra "imperialismo", distanciados los partidos políticos y gobiernos populistas (las clásicas "cabezas de turco" la "culpa" del destino individual ya no se le puede atribuir a algún agente externo a uno mismo, por lo que cada uno tendría que "pagar por sus propios pecados". Tres: Los elevados niveles de desempleo y subempleo, tanto como consecuencia de la política económica, como de las leyes de "liberalización" de los mercados laborales, han generado una enorme incertidumbre entre los pocos adecuada pero inseguramente empleados, convirtiéndolos en entes pasivos frente a la enorme oferta potencial de fuerza de trabajo. En esos tres casos mencionados anteriormente el temor y la angustia diarias mantienen aletargados a esos segmentos de la población (que, antaño y en otras condiciones, tendrían un gran poder de presión y convocatoria). Cuatro: La juventud, generalmente la fuerza social más dinámica y contestataria de la oposición, de acuerdo a sus actuales experiencias de vida cotidiana, favorece el nuevo orden establecido que compara con el pasado caótico; además, por la fuerte competencia para ingresar al mercado formal de trabajo, los jóvenes están dispuestos a asimilar activamente las nuevas reglas de juego que implican una pasividad profunda. Cinco: La gran mayoría observa que la situación económica y social general está mejorando, deduciendo de ahí que también a ellos les tocará parte de la bonanza, tarde o temprano. Así, cada familia que calibra la mejora de sus vecinos o de los lugares que frecuenta, se ve imbuida en un proceso de confianza y optimismo generalizado de que la situación está mejorando y que hay esperanza de "salir adelante". Seis: También contribuye a la relativa tranquilidad social a nivel macro o regional el hecho de que "a falta de una solución social a la pauperización, esta redistribución ha sido privatizada" (Figueroa 1995: 63), es decir, se ha traducido en aumentos dramáticos de la violencia cotidiana proveniente de crímenes, robos, narcotráfico, prostitución, corrupción, etc., que también son mecanismos de defensa adormecedores frente a la pauperización generalizada, pero que finalmente -a nuestro entender- contribuyen igualmente a mantener el statu quo más que a disolverlo, paradójicamente.
En conclusión, de continuar estas tendencias, se trataría de la configuración de un mundo del "sálvese quien pueda" (O'Donnell 1993: 177), cuando menos en ese amplio segmento de la población en que predomina la reproducción simple, estacionaria del sistema, a niveles muy bajos de ingreso, política y socialmente sostenibles de manera endeble.
Finalmente, donde todos esos mecanismos antes mencionados no logren funcionar a futuro, asegurando la "paz social", no puede descartarse el uso de mecanismos e instrumentos adicionales de "pacificación" que podrá y habrá de adoptar el propio gobierno, gracias a los vastos recursos que estarán a su disposición a medida que se consolide el "modelo" (esto es, en función al ritmo que aumente la recaudación tributaria y los superávits fiscales). A este respecto no sólo nos referimos a las denominadas políticas sociales19, que estarían primordialmente orientadas al estrato de más bajos ingresos de la población (en que, se entiende, los montos mayores estarían dirigidos básicamente a las capas urbanas20), sino asimismo a las medidas clientelistas, de cooptación y de "suavización" (incluidas las represivas) de las protestas que provendrán de los más diversos e inesperados ámbitos, especialmente desde los movimientos regionales21. En ese sentido es relevante recalcar que el propio proceso de estabilización y ajuste le devolvió el control al gobierno, no sólo sobre la coyuntura, sino asimismo sobre todos los actores económicos y políticos de la sociedad: "Con ello el gobierno es quien pasa a reasignar los papeles económicos y políticos, no el mercado ni las reglas de la democracia" (Raimondo y Echegaray 1991: 86)22. En este proceso tampoco deberá despreciarse la posibilidad de un control orwelliomontesiniano aún mayor del que vienen ejerciendo las fuerzas públicas -ahora liberadas casi totalmente de la guerra interna contra el terrorismo- a todos los niveles, comenzando por los medios de comunicación, todos los que se imponen una autocensura más o menos sofisticada, con honrosas excepciones, pasando por los sindicatos de empleados estatales, hasta llegar al ámbito hogareño sobre las personas y sus teléfonos. El poder central desconfía de todos, como es común a los que tienen la conciencia sucia.
Finalmente, nos aventuramos a plantear dos tesis adicionales, más radicales aún que las anteriores.
Primera: Aun cuando explote una crisis de balanza de pagos, sea en 1997 o en 1998, los mecanismos sociopolíticos enumerados arriba permitirían prever que los ajustes inmediatos tampoco llevarían a convulsiones mayores; a lo más, quedarían restringidas a ámbitos específicos.
Segunda: Para terminar, asumamos que por alguna grieta del sistema -que las habría varias, más allá de las económicas internas- efectivamente se materialice el "desborde popula? y se llegue al conflicto y la convulsión social. Tampoco ello augurará un futuro más promisorio para los segmentos perjudicados con el "modelo" en curso, no sólo por la represión que le seguirá, sino básicamente porque no existe una oposición orgánica al proyecto en marcha y que esté en condiciones de implantar un enfoque alternativo de política económica y de desarrollo para el país.
La euforia generada por la relativa desinflación y pacificación del país no tardará en apagarse cuando el esquema de acumulación termine asentándose definitivamente (en dos o tres lustros), cuando muestre abiertamente los muy elevados niveles de exclusión económica y sociopolítica que es capaz de generar y que requiere naturalmente para asegurar los equilibrios económicos y sociopolíticos que le son innatos para un funcionamiento autosostenido. Hace mucho tiempo Thorp y Bertram (1985) reconocieron lúcidamente las deficiencias de este modelo de acumulación, en los siguientes términos:
"La conclusión más importante de nuestro estudio es que las tendencias económicas activadas por un desarrollo exitoso de la exportación han erosionado las posibilidades de un desarrollo autosostenido. Una vez identificadas, las razones son bastante claras:
i. La fase de despegue durante cada auge de la exportación produjo, rápidamente, fuerzas que atraían recursos hacia los sectores exportadores en desarrollo y desalentaban el desarrollo paralelo de las industrias no-exportadoras. (...). La creciente rentabilidad relativa de la producción para la exportación sirvió para atraer recursos de los otros sectores, mientras que la fuerte posición de la balanza de pagos, provocada por el desarrollo de la exportación, producía una competencia creciente de las importaciones en el mercado local, lo que finalmente afectaba la rentabilidad relativa de la industria local. (...).
ii. (...) el deseo comprensible de los capitalistas locales de tener acceso a las técnicas y equipos más modernos y 'eficientes' llevó naturalmente al surgimiento de una alianza muy estrecha con el capital extranjero. (...).
iii. (...) la política convencional ya conocida, una combinacíón de liberalismo laissez-faire y de aliento para la inversión extranjera, se desarrolló en forma natural en este rubro, y no en el sentido contrario. Claro está que desde el momento en que fueron adoptadas, estas políticas produjeron una aceleración del desarrollo de las actividades ligadas a la exportación, alentando la concentración de la actividad económica en el sector moderno, mientras que el resto de la economía era descuidado (p. 490).
iv. El modelo 'trajo como consecuencia una reducción de la capacidad empresarial (J. S.: local), lo que, a su vez, aseguró que los recursos externos fuesen indispensables para el éxito de la siguiente generación de proyectos' (p. 491).
v. El final de cada uno de los ciclos del desarrollo sobre la base de las exportaciones rápidamente manifestó los problemas del modelo de desarrollo dependiente y dirigido hacía afuera. Sin embargo, las soluciones dadas a este problema no se propusieron, de inmediato, (...). Esto se debió, básicamente, a tres factores. En primer lugar, la re-orientación de la economía destinada a cambiar hacia un modelo de desarrollo autónomo implicaba un desarrollo muy complejo e imposible de lograrse de un día a otro. La economía peruana en 1879, 1930 y 1968 fue muy dependiente del dinamismo de los sectores exportadores y de las empresas extranjeras; la reconstrucción de los polos alternativos de desarrollo y de las posibilidades nacionales tuvo que empezar casi desde cero" (p. 491).
Es entonces cuando el reloj comenzará a girar en su contra. Quizás sólo de ahí en adelante habría espacios políticos para pensar seriamente en una Utopía e implementarla exitosamente al servicio de las mayorías.
Es por esto que sobre tales segmentos mayoritarios desplazados habría que asentar las bases para iniciar desde hoy una vía alternativa de desarrollo, lenta y perseverantemente, en la esperanza de poder revertir -desde dentro- la modalidad de acumulación en curso en el espacio de una generación y desde los estrechos espacios de acción que otorga, tal como lo han propuesto algunos autores en sus lineamientos generales23.
En los próximos años hay que prepararse para lo peor, por eso somos tan optimistas respecto a la ingeniería social del proyecto fujimorista. En la medida en que el proyecto avanza adecuadamente, a pesar de sus perversos resultados (de los que aún tardará en tomar conciencia la mayoría de la población perjudicada en ese proceso), debemos emprender una larga marcha para quebrar el modelo, utilizándolo y aprovechando sus propias fuerzas sustentatorias y las grietas que presenta.
¿Es posible pensar en una vía al "desarrollo" desde el modelo primario-exportador en curso?
Efraín Gonzales de Olarte ha insistido muy a menudo en sus escritos, correctamente a nuestro entender, en que nuestra economía siempre ha sido primario-exportadora y que su última onda larga (en el sentido de Thorp y Bertram) ha sido también semi- industrial, pero nunca puramente de industrialización por sustitución de importaciones (ISI). En ese caso, la alianza multiclasista entre la burguesía industrial, las capas medias y la aristocracia obrera permitió redirigir los excedentes hacia el sector secundario a través de la política económica (tipo de cambio, tasas de interés, precios públicos, aranceles, gasto público, etc.), pero siempre desde una determinada meseta de excedentes provenientes de exportaciones tradicionales que sirvieron de sostén cooptador para el resto de la economía. De manera que, hoy en día, si existiera la posibilidad de configurar alianzas populistas, ello volvería a llevar a un modelo de ISI.
Lo interesante en este ejercicio es determinar escenarios alternativos: ¿qué fuerzas sociales podrían expropiar o asegurar la transferencia de los excedentes primarios para gestar una modalidad alternativa de acumulación al servicio de un mayor mercado interno, con encadenamientos productivos y el desarrollo de nuestras ventajas comparativas dinámicas? He ahí la gran pregunta para ingresar al siglo XXI.
El actual gobierno, de distraer recursos de los segmentos primario- exportadores para redirigirlos a otras ramas económicas o segmentos sociales, se limitará a invertirlos en infraestructura económica y social, funcionales al proyecto económico-político en curso o para suavizar conflictos inminentes.
Partiendo del caso peruano -una economía pequeña, primario-exportadora y semi-industrial-, las investigaciones contemporáneas de historia económica comparativa de los países con características similares, pero que se "modernizaron" exitosamente, nos ofrecen valiosas pautas para establecer algunas precondiciones para implementar un programa alternativo de modernización y desarrollo al actualmente en curso.
Revisando las experiencias de Bélgica, Dinamarca, Holanda, Suecia, etc., durante el siglo pasado, y más recientemente las de los "dragones" del sudeste asiático, observaremos que -contra lo que postulaban antaño la CEPAL y el dependentismo- es posible "desarrollarse" desde una economía originariamente exportadora de materias primas o alimentos. De otra parte, contra lo que postula el neoliberalismo, no fueron las "libres" fuerzas de mercado y un Estado subsidiario los que aseguraron el éxito de su desarrollo.
En los países exitosos este proceso primario-exportador condujo fluidamente, inicialmente desde enclaves agrarios o mineros, a la configuración de encadenamientos hacia atrás: construcción de maquinaria agrícola o minera sencilla, almacenes, equipo para molinos, fabricación de barcos, ferrocarriles y generación de energía, puertos, etc. ligados al producto o los productos de exportación. Estas actividades, en un inicio modestas, comienzan a adquirir importancia y, posteriormente, van generando efectos multiplicadores dinamizadores e integradores a escala local, regional y nacional. Sobre todo, cuando avanzan en la transición hacia el procesamiento y terminación del o de los principales productos de exportación en el mismo país (encadenamientos hacia adelante): se produce papel de la madera y máquinas de metales, etc. A la vez, los excedentes no exportados, p.ej. los granos, se utilizan para elaborar productos para el consumo animal y de los animales cuero y de éste ropa. Ello induce a una mayor producción de insumos, herramientas y maquinaria. Es decir, al sector exportador se le anexa una industria procesadora. Con ello se expande y diversifica la economía nacional y sus regiones interiores, rompiéndose su carácter enclavista.
Con el tiempo, esa dinámica también permitió diversificar la canasta de las exportaciones, tanto en la esfera del procesamiento, como en el sector de equipo sencillo. A ese efecto, sin embargo, para fomentar la competitividad, resultó crucial la capacidad de generación de tecnologías propias, es decir, el desarrollo de innovaciones adaptadas a las condiciones locales, tanto económicas (disponibilidad de recursos), como sociopolíticas, institucionales y culturales. Con el tiempo, al expandirse el sector exportador y sus conexos, a la par que aumentaban los salarios, también se fue desarrollando una demanda interna pujante y masiva por bienes de consumo sencillos. Con ello la rentabilidad de las inversiones aumentaba, atraídas ellas hacia la producción de alimentos elaborados, gaseosas, vestimenta, bienes de consumo duradero, etc., sustituyendo las importaciones y estimulando encadenamientos en el consumo. Poco a poco, para nutrir a las industrias productoras de bienes de consumo, también surgieron segmentos de producción de equipo, maquinaria e insumos para cubrir las demandas de aquella y de las necesidades de infraestructura productiva (encadenamientos de la inversión).
Así, luego de varias décadas, estas economías se integraron internamente hacia la "rnadurez", entendida como la paulatina diversificación e interacción inter e intrasectorial crecientes. La economía dual, de enclave, desaparecía así paulatinamente, adquiriendo coherencia interna, con lo que se convertía en una economía nacional integrada, cuyo desarrollo dinámico provino de un ímpetu interno, endógeno al desarrollo de sus propias fuerzas productivas, y por la expansión del mercado interno de masas, contrastando con las economías de plantación o de monocultivo. Todo ello se dio incluso cuando el sector dominante siguió siendo el exportador, como lo han señalado contundentemente Menzel y Senghaas (1986).
Junto con los encadenamientos en el consumo y la inversión (y, en general, de demanda final(, en ese proceso se expanden también los encadenamientos fiscales, permitiendo ampliar la base tributaria al Estado, que con ello consiguió gestar mejores condiciones de producción y sociales en el país en cuestión. Siempre el Estado ha cumplido un rol privilegiado en las experiencias exitosas de modernización; y, cuanto más tardío el proceso, más prominente fue su papel.
Con el tiempo también se observará la escasez de ciertos recursos productivos, dada la dinámica del sistema, quizás primero de tierras, luego de trabajo y finalmente de capital. Pero esa escasez, en vez de obstaculizar la dinámica de acumulación, resulta promotora del desarrollo, ya que afecta compulsivamente a los capitalistas para que -a través de la inversión- incrementen la productividad de esos factores; y luego de la predominancia de las actividades económicas extensivas, se pasa a las intensivas en capital, conocimiento y tecnología. Posteriormente, esta fase cualitativamente superior induce aún mayores efectos de encadenamiento, de promoción de la productividad y le brinda adicionales efectos-ingreso. Es así como, en el comercio internacional, se pasa de aprovechar las ventajas comparativas estáticas a las dinámicas; pero el desarrollo del mercado interno y de las fuerzas productivas domésticas siempre ha sido el eje de la modernización y el trampolín para el exitoso comercio exterior.
Este escenario de "tipo-ideal" puede encontrarse en el desarrollo de Dinamarca, Suecia, Canadá, Australia, etc. Es decir, a pesar de la "dependencia" primario-exportadora, en su fase inicial, estas economías lograron "desarrollarse" al evitar la "presión de periferización". En cambio, no se trata de una vía automática, como lo demuestran los casos de Argentina, Uruguay, Hungría, Rumania, entre otros, que a comienzos del presente siglo mostraban niveles de desarrollo primario-exportador similares a los de los casos exitosos primeramente nombrados. Esto se debe al hecho de que no lograron gestar economías coherentes, cuya dinámica se caracteriza por importantes efectos estructurales de transvase, intersectoriales, interregionales, intersegmentales.
Mucho más importantes que las precondiciones económicas, han sido las socioculturales, políticas y de política exterior que permitieron su desenvolvimiento sostenido. Cabe anotar varias.
En primera instancia, es fundamental conocer las peculiaridades de la estructura social que en tales países precedía o acompañaba el inicio del proceso primario-exportador. En casi todos los casos, un elemento esencial para remontar la presión de periferización era atribuible al hecho de que los ingresos de las exportaciones se distribuyeran en forma relativamente amplía hacia o entre segmentos vastos de la población, y no se concentraran en unas pocas fracciones de productores y/o comerciantes (de oligarquías o "grupos financieros" locales o extranjeros). En ese sentido, la experiencia histórica sugiere que -para el caso de exportadores de productos agrarios, pecuarios o forestales- la tierra no se encontraba extremamente concentrada en pocas personas, pero que tampoco la fragmentación de esas propiedades era exagerada. Parecería, por tanto, que una precondición para el éxito debe atribuirse a la existencia de fundos de tamaño mediano, familiarmente operados.Es decir, la distribución del ingreso y de los activos debía mostrar una desigualdad moderada; aparentemente ni tan igualitaria como para llevar al letargo, ni tan desigual que desembocara en la frustración. Ese prerrequisito de la amplia dispersión de los ingresos desde el sector primario-exportador, condicionado por las peculiaridades de la estructura social y a la inversa, resultó crucial para el desarrollo, puesto que daba lugar a un nivel y perfil de demanda orientado desde un principio a promover una industrialización y procesamiento de bienes de consumo sencillos para las mayorías (que participaban crecientemente del producto social), así como de equipo simple, ampliamente accesible, factible de repararse, reconstruirse e innovarse por los propios pequeños productores.
Ese proceso de generación de demandas masivas de bienes, incluso en países pequeños, que configuraron un mercado interno amplio e integrado de bienes y de equipo sencillos abrió las puertas para un tipo de "sustitución de importaciones" muy distinto al procesado en América Latina durante la postguerra, cuyo "agotamiento" se produjo con rapidez precisamente por la "estrechez" (poca capacidad adquisitiva de las mayorías) y la "diversificación exagerada" (derivada de las demandas de mercancías de lujo de los estratos adinerados) de los mercados domésticos. En nuestro subcontinente, como consecuencia de la desigual distribución del ingreso nacional, se consolidó una estructura social piramidal, sin posibilidades de movilidad vertical, clientelista y paternalista, con una base ancha y amplia y un pico estrecho y elevado.
En esas circunstancias tampoco era posible que surgieran los indispensables incentivos para modernizar la agricultura y para establecer los encadenamientos fundamentales entre aquella y' la industria manufacturera, que en esas condiciones termina siendo de baja productividad; pero que sobrevive al amparo de un Estado extremamente intervencionista y dadivoso. Con ello, los procesos de acumulación resultaron estrechos, asimétricos y deformados, en cuya dinámica radica uno de los principales determinantes del carácter periférico y subdesarrollado de nuestras economías y sociedades.
En segundo lugar, como se reconoce crecientemente en la literatura contemporánea, el desarrollo del "nivel de competencia" es un factor esencial para impulsar a las sociedades hacia un desarrollo dinámico. Consiste en aprovechar posibilidades de exportación, en la capacidad de adaptarse a condiciones cambiantes, de la capacitación en el lugar de trabajo, etc., que dependen decisivamente del nivel de educación, conocimiento y capacitación alcanzado y en las resultantes habilidades, capacidades y competencias de las familias dentro de la sociedad en cuestión, que se convierten en "empresarios schumpeterianos".
Es este capital invisible o intangible, entre otras variables determinantes, el que permitiría asegurar la transición de una economía primario-exportadora a una economía procesadora madura. Ese requisito no sólo es indispensable para aumentar la productividad de la economía o para aprovechar productivamente conocimientos extranjeros, sino asimismo, entre otros, para llevar a cabo innovaciones institucionales decisivas, como los fundos operados por familias asociativamente, como las diversas formas para regular institucionalmente los conflictos, como el desarrollo de organismos de educación superior e investigación, como la instauración de un sistema científico-tecnológico integral, etc., ejes de cualquier patrón autocentrado de desarrollo, como el que desempeñaron en las economías exportadoras que no poseían recursos naturales (Suiza y Japón y, posteriormente, en Corea del Sur y Taiwán).
Tercero: El autocentramiento exige una transformación relativamente radical del poder político. En las economías primario-exportadoras exitosas se observa que fueron precedidas por una desfeudalización de gran alcance, que se materializó en reformas (o revoluciones) agrarias; tal desoligarquización fue una de las condiciones fundamentales para la modernización agrícola y para facilitar la movilidad y la comercialización del capital, la tierra y la fuerza de trabajo. Concomitantemente se induce el cambio social, que se evidencia en el crecimiento de las actividades secundaria y terciarla frente a la primaria, en la creciente urbanización, en la movilidad vertical y horizontal acelerada, etc. Ello da lugar a nuevos grupos de interés y fracciones sociales que se van organizando -como sujetos sociales- políticamente, con lo que se va disociando el poder político del económico (otro aspecto distintivo del autocentramiento frente a la experiencia latinoamericana). Finalmente, aunque al principio inducidos "desde fuera", estos cambios dan lugar a una creciente capacidad de automanejo y control de estas sociedades.
En cuarto y último lugar, ligado a lo recientemente afirmado, cuando la orientación hacia afuera es exitosa, ello sucede por el poder soberano de autodeterminación, especialmente en materia de las políticas de comercio exterior y en la capacidad de responder a las crisis externas con políticas de desarrollo interno. Si bien es obvio que el crecimiento inducido por las exportaciones requiere una integración creciente al mercado mundial (orientación asociativa), incluso en condiciones normales de comercio exterior todas las economías exportadoras exitosas han adoptado un comportamiento selectivamente disociativo (v.gr. imponiendo aranceles a las industrias nacientes, estableciendo cuotas de im- y exportación, protegiendo a las empresas que proveen insumos a las ramas exportadoras, etc., si bien temporal y escalonadamente); mientras que en épocas de crisis las componentes selectivamente disociativas se generalizaban y radicalizaban, procediéndose a una mezcla de control del comercio exterior con una política gubernamental doméstica de desarrollo forzado Y dirigido, contrapesando las presiones y shocks provenientes de fuera. Es decir, el Estado cumplió un rol fundamental en ese proceso.
A todo este complejo conglomerado de precondiciones y dinámicas se le denomina "desarrollo" en economías y sociedades autocentradas: en lo económico, porque lleva a encadenamientos inter e intra sectoriales y a efectos multiplicadores internos, que le otorgan coherencia al proceso e inducen cambios endógenos en el proceso de acumulación e innovación tecnológica; en lo social, por la distribución de ingresos y activos relativamente igualitaria, que asegura un mercado interno dinámico y el desarrollo paulatino de las fuerzas productivas, sin concentración geográfica; en lo político, porque procede de un proceso de desfeudalización. y desoligarquización permitido por las reformas o revoluciones agrarias que precedieron a la modernización agropecuaria y al desarrollo industrial; y en lo internacional, porque asegura un control nacional del proceso de acumulación y de la política económica.
Las lecciones que de ahí se derivan para el Perú son relativamente automáticas, aunque evidentemente no puedan aplicarse mecánicamente. La historia no se repite, por lo que se trata de una enorme y complicada tarea que exige, cuando menos, el esfuerzo creativo mancomunado de toda una generación. A continuación las enumeraremos muy superficialmente, acompañándolas de las pautas que han extraído de nuestra propia historia económica Rosemary Thorp y Geoffrey Bertram (1985)24.
Una primera lección evidente es que el proyecto neoliberal en curso en el país desde inicios de los años ochenta nos lleva por mal camino en el largo plazo. Establecer "precios correctos% reducir el rol del Estado, privatizar todas las empresas públicas, etc. sólo son medidas adecuadas para sanear las cuentas externas, con el objeto de servir la deuda externa y permitir la repatriación de utilidades, pero que en nada contribuyen -por estar basadas en ventajas comparativas estáticas- a la modernización y transformación productiva requeridas por la sociedad peruana.
Todo lo contrario, en segunda instancia, parecería requerirse de un Estado eficaz y fuerte, para promover inversiones prioritarias, para desarrollar un sistema científico-tecnológico adecuado, para reformar el sistema educativo, para revolucionar el agro e integrarlo a la industria manufacturera, para la indispensable prospección de recursos, para facilitar informaciones y el ingreso a mercados de bienes y de tecnología, etc. Es sabido que "el diseño y la ejecución de las políticas económicas radicalmente innovadoras requería de un gobierno seguro con habilidades adecuadas a su disposición y con un fuerte apoyo social de los sectores de la población a quienes un desarrollo autónomo servía para sus propios intereses a largo plazo" (p. 491).
Más aún, en tercer lugar, "entre los principales requisitos para alcanzar la autonomía se encuentran el control local del excedente económico, la habilidad local para innovar y adaptar la tecnología, la capacidad de producir bienes de capital de acuerdo con la dotación de recursos para el país y la existencia de fuentes endógenas de dinamismo económico (distintas a aquéllas que establecen la dependencia frente al crecimiento de los mercados mundiales)" (p. 16).
Cuarto: Sin una redistribución personal y funcional del ingreso y los activos, no es posible fomentar el desarrollo de las fuerzas productivas, en especial de los segmentos "tradicionales" de la economía, cuya productividad del trabajo es muy baja (pero del capital muy alta). Ello también es indispensable para ampliar el mercado interno, base para fomentar la innovación tecnológica, la propensión a invertir y, a la larga, para profundizar y diversificar las exportaciones. Según Thorp y Bertram es evidente "cómo el crecimiento y la igualdad se refuerzan mutuamente en la práctica: en primer lugar, una mayor igualdad de oportunidades es el camino necesario para liberar las habilidades empresariales, administrativas y técnicas en potencia sobre las que debe basarse una mayor autonomía; en segundo lugar, una mayor igualdad en la distribución del ingreso contribuye a la interdependencia de la oferta y la demanda locales, la cual es necesaria para que se internalice acertadamente el dinamismo existente en una economía. Este es uno de los aspectos de la manera cómo un mayor desarrollo y una mayor autonomía pueden sustentarse entre sí, del mismo modo que la dependencia y el subdesarrollo pueden reforzarse mutuamente" (p. 18).
Ligado a lo anterior, también es esencial asegurar una redistribución intersegmental de los ingresos: "Cualquier despegue económico de los sectores tradicionales deberá depender de la redistribución radical de recursos de los sectores modernos hacia los tradicionales, una redistribución que iría en contra de la tradición histórica y que sólo sería posible en una situación en la que el legado social, político y económico del último siglo se ponga de lado" (p. 496).
En añadidura, considerando el caso de las economías primario- exportadoras "los beneficios que una economía obtiene dependen de la efectividad con que los ingresos por las exportaciones son transmitidos a los otros sectores de la economía y también de las formas en las que estos otros sectores hacen uso del estímulo resultante. (...) es necesario comprender el doble papel que desempeñan los sectores de exportación en una economia subdesarrollada" (p. 25), a saber: no responden a la demanda interna, sino a la externa, por lo que no están limitados por restricciones en los mercados domésticos. "(...) dado un mercado externo, estos sectores son capaces de crecer tan rápidamente como los factores de producción necesarios pueden ser movilizados y, al ocurrir esto, se genera una demanda efectiva en la economía interna"; a ello se añade que traen divisas, con lo que la restricción externa se suaviza; finalmente, "además de los pagos por factores, los sectores de exportación incentivan la demanda local por sus compras de materiales y equipo producidos localmente (el denominado efecto de 'encadenamiento hacia atrás)" (ibíd.).
En quinta instancia, en concordancia con las tendencias recientes de la economía mundial y el comercio internacional, tales precondiciones económicas y sociopolíticas permitirían hacer uso de las ventajas comparativas dinámicas (más que estáticas), con salarios crecientes y un mercado interno amplio que sirva de base para la expansión internacional de la producción y las ventas.
En sexto lugar, las profundas reformas en los sistemas de educación el reforzamiento de la capacitación de mandos medios y el aggiornamento de las universidades parecen haber precedido toda modernización, incluida la configuración de la carrera burocrática.
Todo lo anterior requiere, asimismo, una "re-educación" del empresariado privado, de su ethos, formación y dinámica en el sentido schumpeteriano de la palabra, basado en los "espíritus animales" de Keynes. Aquí se quiere eliminar al Estado, sin que exista un empresariado moderno, creyéndose que el mercado lo resolverá todo.
Sétimo: En ese sentido, lo que conviene es una alianza concertada entre el Estado y el empresariado. Tal pacto social debe ser ampliado, además, a todos los demás segmentos de lo que Quijano ha denominado lo "privado social" (campesinos, informales, barriales), tanto para configurar una política macroeconómica coherente y estable en el tiempo, como para diseñar una estrategia de reformas para el mediano y largo plazo. Con ello se involucra a todos los agentes económicos y sociales, que compartirán responsabilidades, en vez de marginarlos y desmotivarlos para la acción y la innovación. En efecto, la fragmentación de las clases explica el "fracaso en promover una mayor diversificación de la economía (lo que) disminuyó el desarrollo precisamente de aquellas clases que hubieran presionado más por lograr esta diversificación" (p. 494).
Finalmente, la descentralización y el desarrollo relativamente autónomo de las regiones y localidades, que posteriormente se integraron en una nación, fueron procesos centrales para alcanzar una homogenización y mayor dinámica de esas economías, integradas internamente25.
En pocas palabras, es posible aprovechar el modelo primario-exportador excluyente de acumulación para transformarlo desde dentro e incorporar a las mayorías. El trabajo es arduo, pero posible; y no debe uno ilusionarse en el fracaso del modelo para comenzar a pensar en una alternativa.
Referencias
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1995 "Entre la democracia y el neoliberalismo: los caudillos electorales de la posmodernidad". Socialismo y Participación, No. 69, marzo, pp. 31-44.
- En entrevista concedida en Río de Janeiro al diario O'Globo, según versión recogida por Gestión (22 de mayo de 1995, p. 5).
- Entendido éste como un esquema de acumulación basado en las rentas diferenciales de los sectores minero y pesquero, fundamentalmente. A futuro se extendería a otras ramas económicas, principalmente al petróleo y el gas natural. Como en procesos primario-exportadores previos, también en éste se han dado nuevas formas de prospección y explotación de recursos naturales que permiten reducir costos; en este caso sobre la base de innovaciones surgidas desde lo que unos autores llaman la Tercera Revolución Industrial y otros la Quinta Revolución Tecnológica.
- Las ondas anteriores habrían durado en tomo a los cincuenta años: 1830-1880, 1880-1930 y 1930~ 1977.
- Un análisis más detallado de los aspectos que se tratan en esta sección pueden encontrarse en Schuldt (1994).
- De una parte, se estima que hay sobrecostos laborales, que según el Ministro de Economía equivaldrían al 40% de los costos de las empresas, mientras que el presidente de la CONFIEP estima que serían del 60% (Gestión, mayo 23, 1995, p. 40). Según éste se podrían reducir en 20 puntos porcentuales ajustando las aportaciones de CTS, reduciendo las contribuciones a la salud y las pensiones al IPSS, el 1% de solidaridad y el IGV que grava los seguros y las comisiones del sistema privado de pensiones, así como el aporte al FONAVI. También se estima que son exagerados otros costos que asumen las empresas, tales como el precio de la electricidad y los teléfonos, así como los impuestos sobre los activos.
- De manera que si de algún "milagro peruano" se podría hablar en un futuro no tan próximo, éste consistiría en esta difícil transición entre la EH-III y la EH-l; es decir, que la explosión de la balanza de pagos no se dé en realidad, porque en el momento preciso en que el déficit de la balanza en cuenta corriente adquiera dimensiones insostenibles se expandirían fenomenalmente las exportaciones primarias. También actuaría a nuestro favor la EH-II, el ingreso de transferencias, sea por "ayuda externa" (donaciones), sea por remisión de divisas de parte de peruanos que viven en el exterior.
- Es interesante la acotación que al respecto añade Félix Jiménez en sus comentarios personales al original de este trabajo: "En el esquema anterior (basado en la sustitución espuria de importaciones), los capitalistas que básicamente producían para el mercado interno ganaban lo que gastaba el Estado; 'la renta diferencial' era proporcionada por el Estado. En el 'nuevo' patrón de acumulación, los capitalistas (socios del gran capital primario-exportador extranjero) ganan lo que 'gasta' (pierde) la naturaleza; la 'renta diferencial' es parte de la riqueza natural. En ninguno de los dos casos hay empresario schumpetariano. En ambos casos los precios relativos 'promueven' el comportamiento rentista".
- Siguiendo el esquema de Thorp y Bertram (1985) entraríamos así a una cuarta onda larga de expansión de exportaciones primarias.
- Sabemos poco sobre los interlocutores institucionales (gremios empresariales básicamente) que desempeñarían ese papel en el futuro mediato.
- También aquí el capital extranjero jugaría un Papel importante, pero no necesariamente predominante.
- Esta es la "alternativa" de control y cooptación que visualiza el gobierno frente al establecimiento "más peligroso" de los gobiernos regionales
- En palabras de la CEPAL (1990), se trataría de alcanzar una competitividad "auténtica" (véase, también, los trabajos de Távara al respecto), basada en la innovación tecnológica, la búsqueda de nichos de mercado, el aprovechamiento de economías externas, etc., más que buscar la competitividad "espuria" que se logra bajando salarios reales, devaluando el tipo de cambio real, etc.
- Entendemos por tal, en este contexto, la ausencia de movimientos contestatarios masivos (más que locales o microsociales, de rango nacional o regional) al actual proyecto de economía política en curso.
- En el Perú, a través de los procesos de estabilización y ajuste, Lo usual ha sido cerrar las brechas financieras a costa de abrir aún más la brecha distributiva hasta conducir a la sociedad a una crisis distributiva" (Figueroa 1995: 70). Nos preguntamos ahora: ¿por qué no ha surgido aún la "crisis distributíva"?
- Otra forma de ordenamiento de este «catálogo» habría consistido en ordenar los procesos de manera de diferenciar entre acciones del Estado. 1) Conscientes: política económica, política social, clientelismo político, acción policíaca; indirectas: tendencias de los precios relativos, etc. 2) En mecanismos de defensa de la población: sectores medios y altos, y sectores populares. Ambos esquemas van en la dirección del autosostenimiento sociopolítíco del modelo del curso.
- Según el Censo de 1993 los "informales" explicarían más del 70% de la fuerza laboral (PEA)
- Según Bruno Seminario en el "modelo" en marcha las municipalidades cumplirían el rol de los gamonales en materia de control social en las regiones.
- Según El Peruano (22-V-1995; p.B-1) los trabajadores de quince empresas privatizadas han adquirido (con sus CTS) acciones por un monto que supera los US$ 36 millones. En general, sin embargo, esas compras representan porcentajes bajos del capital social de caea empresa, siendo los mayores los correspondientes a Cerper (10%), Interbanc (9.4%), Cerro Verde (8.4%), Quimpac (7.4%), Aeroperú (7.2%), Solgas (4%), Emsal (3.3%), etc.
- Bien ha dicho Carlos Franco (1995: 12) que "el consenso en tomo a la política social concluye instrumentándose muchas veces para encubrir el mantenimiento de la política económica, el tipo de crecimiento elegido y la modalidad de vinculación establecida con el orden internacional".
- Tanto porque son la principal masa de votantes, como porque potencialmente su concentración poblacional podría amenazar más eficazmente el centralizado poder establecido.
- Thorp y Bertram (1985: 495) han reconocido esto hace tiempo: "una de las mayores fuerzas del modelo dependiente sobre la base de las exportaciones ha sido su habilidad para desviar la oposición por medio de la cooptación".
- A este respecto llama la atención la drástica metamorfosis que se ha ido dando entre las diversas fracciones del capital nacional: muchos industriales convertidos en importadores de lo que antes fabricaban, agricultores que incursionan en el comercio, etc. Y todo este proceso de ajuste se ha procesado en prácticamente todos los estratos sociales del país, en una especie de "revolución silenciosa", que aún no sabemos en qué desembocará y que se desprende de la ágil adaptación a los traumáticos eventos que se dieran antes. durante y después de la hiperinflación.
- Véase, al respecto, los trabajos de Coraggio (1991), Schuldt (1995) y Távara (1994).
- Las citas que siguen provienen de esta obra.
- Para una propuesta de desarrollo desde lo local-regional, véase Schuldt (1995).